La carretera de Roberto de Olazábal
Atravesar La carretera de Roberto de Olázabal es emprender una travesía fijada por tres estaciones que nos incitan a detenernos y a leer cada poema a medida que vamos viviendo. Este poemario nos invita justo a eso: a vivir mientras entramos en contacto con la naturaleza y dejamos que esta se imprima en nosotros. Este libro es como una película en desarrollo, en la cual los personajes viajan y los poemas pueden ser leídos o construidos por ellos —de forma ceremonial o chamánica— develando destinos. En cualquiera de los casos, La carretera, por fuera de su cuestión material, acompaña como sujeto vivo y latente.
Este poemario es un canto a la naturaleza, un relato de amor elaborado alrededor de la fogata, como si viajar fuera su casa y esta estuviera en los libros: “mientras fumas entre los libros,/ juegos y lecturas,/ en compañía iluminada,/ como un ángel/ entre las paredes/ animas las pinturas/ embelleces la casa.” En este viaje, la voz lírica del poeta siempre encuentra a otros, ya sea amigos o aquella persona a la que admira y que suscita poemas como “La espalda” o “Mujer tormenta” para descubrirse a sí mismo nuevamente como parte de esta constelación natural.
"El saber no es distinto del soñar, el soñar del hacer. La poesía ha puesto fuego a todos los poemas" escribe Octavio Paz. La carretera acontece como esa materialización del sueño, allí donde solo la alquimia del poema es posible. Así aquí se integra con maestría lo concreto y lo vivo. Se sentirán sacudones producto de un suelo que se construye y manifiesta vaivenes emocionales. El poeta adolece no se sabe desde cuándo ni se sabe porqué pero es ese quiebre lo que lo ha llevado a construir y presentarnos su mundo, su ópera prima.

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