Los seres llenos de luz que habitan ZOA
Caminar en medio de la jungla o vivir un día humano parece ser igual. Avanzar de la mano de Rilke que observa simplemente a los animales para que algo de su ligereza penetre en nuestras articulaciones cuando la melancolía y el pesar prevalecen. Ser yo animal o tú animal, rodeados de los otros que con sus ojos nos retienen y se apartan de nosotros sin juicio alguno.
Animales de aire, de agua, de tierra, seres llenos de luz, ¿debo dejar caer el tronco? Lisbeth Curay dice que sí: «Dejar caer el tronco». Abandónate para ser salvado, abre paso al sueño, renuncia a toda intención, escucha el silencio y disfruta que «Según investigaciones/El humor alarga la vida».
Seres de aire, seres de luz cuando las palabras se inventan a ritmo del aleteo de las luciérnagas, de los halcones y de las abejas. Una vida con las aves y la inconsistencia nuestra. Seres de agua, seres de luz cuando las palabras iniciaban este mundo. Humanos que sienten que se inunda la casa cuando el agua descansa. El humano que decide dar nombre sin saber que él ya ha sido llamado. ¿No queremos más humanos? Seres de tierra, seres de luz los que habitan con nosotros. Sobre la tierra el animal que piensa echa raíces, se cree único porque avanza. La iguana, gatos y ovejas, y los caracoles también estuvieron por aquí. Aquí su huella, la memoria de la tierra.
En Zoa habitan seres llenos de luz y sonidos. Se reclama fusión con el cuerpo de otros: escucha, respira, piensa para descubrirse finalmente atrapado. El poema se cierra como cuando la selva nos despide y nos quedamos con el deseo de seguir. Zoa ha sido una pequeña luz que reclamamos siga acompañándonos el resto del camino. La aventura se detiene pero espero que con promesa de volver porque se ha viajado tanto que hasta a amar la vida se ha aprendido.

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